Mi vida es como un complemento,
que, unido a otro, forma un segmento;
dos mitades en constante tensión,
dentro de mí, buscando redención.
Me siento como un yin en oscuridad,
perdido, esperando por un yang de claridad,
un destello que me quiera abrazar,
y me recuerde cómo respirar.
Pero ¿qué más se puede hacer, si la vida
se ha vuelto, cada vez más, una herida?
Donde la muerte camina indiferente,
y vivir, cada día, se vuelve obediente.
Obediente a seguir existiendo,
aunque por dentro me esté deshaciendo.
Quisiera romper este viejo vínculo,
pero se ha vuelto mi único estímulo.
Como un hilo que no puedo cortar,
aunque me duela, aunque me haga sangrar.
Un lazo que, sin yo elegirlo, persiste,
en este capítulo donde el dolor insiste,
como sombra que a mi alma resiste,
y en cada intento de luz, aún existe.
![]()
No hay comentarios.:
Publicar un comentario