sábado, 10 de enero de 2026

La voz que no pudieron callar

 En la soledad de mi cama

me pregunto:

¿por qué los estereotipos?,

¿por qué intentaron cambiarme?

Las preguntas llegan en silencio,

pero las respuestas no.

Sigo buscándolas

mientras me encuentro en un mar sin intención,

un mar que me muestra el dolor

sin suavizarlo.

El agua me baña,

el mar ruge,

y su ruido me recuerda

a quienes se reían de mi alegría,

a quienes minimizaron mis heridas

como si fueran exageraciones.

¿Cuántas veces tuve que esconder el dolor

por simples comparaciones,

por reclamos pequeños,

por minimizaciones constantes?

¿Cuántas veces callé

cuando dijeron:

“no la escuchemos,

hagamos como que no existe,

así se callará”?

¿Cuántas veces me pregunté

por qué no me escogieron,

por qué no me escuchan?

Tal vez mi voz sea insoportable,

tal vez chillona,

tal vez mi forma de ser incomode.

Lo entiendo.

Pero ¿por qué quieren cambiar

aquello que se volvió mi identidad?

Duele saber

que algunos a mi alrededor me odian

tanto como yo me odié alguna vez.

Pero duele más

sentirme juzgada,

buscada en fallas,

condenada por decisiones

que mi mente herida no supo comprender

ni proteger.

No supe huir.

No supe medir el daño.

Pero alguien me perdonó.

Y ese alguien fue Dios.

Me sostuvo en sus brazos

y me dijo:

“Te equivocaste,

pero yo te perdono”.

Entonces me pregunto:

¿por qué otros siguen juzgándome

como si fueran dioses?,

¿por qué me señalan errores

que intento dejar atrás?,

¿por qué no pueden aceptar

que estoy intentando cambiar?

¿Por qué no pudieron hacer

lo que Dios sí hizo?

Hay alguien a quien perdoné.

Y lo hice de verdad.

Pero me duele

verlo actuar como si nada,

como si intentar tocarme

hubiera sido un capricho sin consecuencias.

¿Por qué me habla

como si me conociera,

cuando al ofrecerle mi amistad

me mostró su verdadera careta?

Tal vez este poema

sea solo un desahogo.

Pero ¿cómo soltarlo

cuando me siento mirada

y juzgada por todos?

Este año prometí olvidar

versiones mías que no me cuidaron.

Pero cuando vi esas miradas

juzgándome en silencio,

entendí

por qué aún me duele tanto sanar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La voz que no pudieron callar

 En la soledad de mi cama me pregunto: ¿por qué los estereotipos?, ¿por qué intentaron cambiarme? Las preguntas llegan en silencio, pero las...