Me pides que lo olvide.
Pero dime, ¿cómo se olvida
lo que cada año vuelve a sangrar?
Quizás para ti sea fácil soltar palabras,
pero en mí —
se ha vuelto una carga que no deja de pesar.
Me duele esta certeza:
nunca fui suficiente.
Solo una pieza errante,
una sombra adherida a tu deseo,
usada para saciar
tus emociones rotas, incoherentes.
Ah, el destino…
Me hizo jugar en un tablero marcado,
apostando a un azar
donde siempre fui el perdedor.
Aun así,
me aferré a la ilusión
de salir como un vencedor.
El destino juega sucio,
me ofreció esperanzas disfrazadas de suerte.
Y aunque sabía que iba a perder,
seguí apostando a la mentira,
esperando —
que algún día terminara siendo el ganador.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario