Me tocaban.
Y yo pensaba
que así era normal.
Porque era mayor,
porque él era menor,
porque no entendía,
porque nadie me dijo
que eso también era violencia.
Normalicé.
Sus manos,
sus miradas,
sus silencios rotos.
Y el mío.
Pensé que estaba mal sentir asco.
Pensé que debía aguantar.
Que ser tocada sin querer
era parte de crecer.
Y un día me dolió tanto
el cuerpo,
la culpa,
el silencio,
que quise lastimarme
para ver si dolía distinto.
Porque no sabía cómo gritar.
Porque nadie me escuchaba
cuando callaba.
Hoy sé
que no era normal.
Que no era culpable.
Que no fue mi culpa.
Y te hablo a vos.
Que sentís el mismo nudo,
que pensás que exagerás,
que te acostumbraste a sufrir en voz baja.
No.
No era normal.
No es normal.
No tiene que seguir siéndolo.
Tu cuerpo es tuyo.
Tu historia importa.
Y tu voz merece romper
todo lo que otros
te hicieron callar.
No calles más.
Porque normalizar
no es una solución,
solo una opción.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario