Dicen que nos quejamos cuando somos tocadas,
que nos critican y nos discriminan sin saber
la magnitud de nuestro trauma.
Muchos piensan que, por cómo nos vestimos,
merecemos lo que nos sucede,
pero no entienden
que no buscamos lo que vivimos.
Mi madre me pregunta por qué me escondo,
por qué no hablé cuando me tocaron.
Pero lo que no sabe es que lo intenté,
que grité,
pero nunca fui escuchada.
Ahora sé que no fue mi culpa,
que quien me dañó
no lo hizo porque yo lo provocara.
Entendí que el Estado no hizo nada
cuando quise ser escuchada.
Que, aunque nadie me creyó,
aunque todos estuvieron en mi contra,
un ángel apareció para iluminar mi camino,
transformó mi dolor en acción,
y me sacó de este hueco infernal.
Y es ahí cuando recordé,
con lágrimas y esperanza,
que no estamos solas.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario